21 marzo 2014

Rabbí Shimón Bar Iojai


Tanaíta de la cuarta generación (135-170 EC) Uno de los alumnos más importantes de Rabí Akiva, estudió con él en la Yeshivá de Bne – Brak durante trece años, junto con su compañero Jananiá ben Janijai (Ketubot 62:2).  

Rabí Shimón, fue el que preguntó en la Yeshivá de Yavne, si la oración de Arbit (noche) es Reshut (si depende de la voluntad de la persona) o Joba (es obligatoria) pregunta qué hizo renunciar a Raban Gamliel de la presidencia del Sanhedrín. Cuando Rabí Akiva fue apresado por los romanos, fue Rabí Shimón a escuchar sus enseñanzas. Rabí Akiva, su maestro lo estimaba en gran manera, y le dijo: “Basta yo y tu Creador conocemos tu valor” (Ierushalmi, Sanhedrín 1:2). 

Muchas veces discrepaba con su maestro, pero grande era su admiración por él, cuando una vez no le hizo honor debido “sus dientes se volvieron negro de tanto ayunar” (Nazir 52:2). Entre los alumnos más importantes encontramos a Rabí Hanasí, que estudio en su Yeshivá en Tekoa (Erubin 91:1), y su yerno el Tana milagroso Rabí Pinjas Ben Yair.  Rabí Shimón bar Iojai amó inmensamente a la Torá, su pueblo y su país, he aquí algunos de sus conceptos:  “El Señor ha dado a los Israelitas tres buenos regalos, que solo les ha otorgado en medio de sufrimientos”. 

Estos tres regalos son: La Torá, La Tierra Prometida y el Mundo Venidero (Berajot 5:1). “Midió el Santo bendito sea a todas las naciones y no encontró ninguna nación apta para recibir la Torá, sino Israel...”, sino Eretz Israel” (Vaikra 13:2). 

Grande era su amor a cada uno de Israel: Todo Israel son hijos de reyes (Mishná Shabat 14:6).  “Ven y ve, cuan queridos son Israel ante el Santo bendito sea, que en cada lugar fueron exilados, la “Shejiná” – Divina Providencia” – fue con ellos, y cuando serán redimidos, ella vendrá con ellos” (Meguilá 29:1).

ERETZ ISRAEL




De la misma manera al pueblo de Israel, Rabí Shimón amaba a la Tierra Prometida Tebel. ¿Por qué llamaba a la tierra de Israel Tebel?Porque tiene toda clase de condimentos (Tablin), todos los países tienen una u otra característica, pero a Eretz Israel, no le falta nada, ya que está escrito. (Devarim 8:9).  Salir de Eretz Israel era considerado por Rabí Shimón uno de los pecados más grandes.  

Así nos relata el Midrash: Uno de los alumnos de Rabí Shimón bar Iojai, salió fuera de Israel y volvió al país rico y poderoso, sus alumnos lo vieron se llenaron de envidia, decidiendo salir también al exterior del país. Rabí Shimón lo supo, los reunió y los llevó a un valle no lejos de Meron, elevó su voz y dijo: ¡Vale, Valle, llénate de talentos de oro! De inmediato comenzó a llenarse de monedas brillantes. Les dijo: Si ustedes buscan monedas de oro, ¡Tómenlas! Pero han de saber que lo que ahora toman es su parte en el mundo venidero (Shmot Raba 52:3). 

Rabí Shimón y los romanos: 





El Rabí odiaba a muerte a los romanos, opresores del pueblo hebreo, sus opiniones las expresaba libremente y sin temor.  Leamos lo que nos cuenta el Talmud:
Rabí Yehuda (bar Ilay), Rabí Iosi (bar Halafta) y Rabí Shimón (bar Iojai) están sentados juntos, y con ellos Yehuda ben Guerim (hijo de Yehuda, padres conversos). Durante la conversación Rabí Yehuda dijo: ¡Qué útiles y que hermosas son las obras de ese pueblo (romano)! Han establecido mercados, han tendido puentes sobre los ríos y han edificado baños.  Ante esta observación, Rabí Iosi calló; pero Rabí Shimón replicó; sí, así es, pero todo lo han hecho en beneficio propio. Han abierto mercados para sustentar el libertinaje, han edificado baños para su propio placer y han tendido puentes para cobrar impuestos. 

Yehuda ben Guerim fue y les denunció, y cuando la noticia llegó a oídos del emperador, éste mandó a publicar un edicto, en virtud del cual Rabí Yehuda sería ascendido, Rabí Iosi desterrado a Tzipori y Rabí Shimón sería apresado y ejecutado. Pero Rabí Shimón y su hijo Rabí Eleazar consiguieron refugiarse en una academia, donde eran mantenidos por la esposa del Rabino, que les llevaba diariamente pan y agua.
Cierto día la desconfianza se apoderó de Rabí Shimón, y le dijo a su hijo: las mujeres son volubles, los romanos pueden importunarla y ella puede descubrirnos. Entonces se marcharon y se refugiaron en una cueva (en la que permanecieron doce años). (Shabat 33b). 

Al término de los doce años, volvieron y estuvieron en la cueva un año más.  Durante esos años se alimentaron de frutas de algarrobo hasta que su piel recibió un color grisáceo (Prikta de Rab Kahana 88:2).  Esos trece años de estadía en la cueva, les hizo alejarse de lo mundano y de las necesidades materiales.  Entre las hojas del Talmud, encontraron sus enseñanzas, siempre envueltas en parábolas, aforismos y ejemplos, he aquí algunos: 

Rabí Shimón bar Iojai dijo a su hijo: “Han llegado unos eruditos y hombres de bien. Ve a la fonda y pídeles su bendición”. El muchacho volvió y dijo a su padre: En lugar de bendecirme me han maldecido. Me han dicho: “Que siembres, pero no cortes el sembrado; que hagas entrar pero no salir; que hagas salir pero no entrar, que tu morada quede arruinada, pero tu vivienda temporal sea firme; que tu pan sea consumido y no llegue nunca año de regocijo”. 

Esas no son maldiciones, hijo – dijo Rabí Shimón – sino bendiciones. Este es su significado; Tendrás hijos y no veras su muerte; verás entrar a tu casa tus nueras y no las verás abandonar a tus hijos para regresar al hogar de sus padres; a tus propias hijas las verás salir de tu casa, y no las verás regresar para vivir contigo, vivirás tanto tiempo que tu tumba familiar caerá en ruinas, pero tu casa será firme y perdurará por mucho tiempo. 

Tu pan será consumido por una familia grande. Finalmente, tu mujer vivirá mientras vivas tú, y no tendrás que volver a casarte ni tener el año de llevar regocijo a una nueva mujer como lo prescribe la Torá (Moed Katan 9).
 

Una de las enseñanzas de Rabí Shimón bar Iojai es que cada judío es responsable de su prójimo, y como ejemplo relató lo siguiente: “Cierta vez uno de los pasajeros de un barco tomó un pico y comenzó a hacer un orificio debajo de su asiento. Los restantes pasajeros enseguida comenzaron a retarlo, a lo que él respondió: ¿Qué les importa a ustedes lo que yo hago bajo mi asiento?, ¡yo he pagado por el! 

“Tonto, tú has pagado por el viaje, pero no tienes derecho a perforar el barco ni siquiera debajo de tu asiento, porque de lo contrario nos hundiremos todos”. De la misma manera ocurre con el pueblo judío, ya que el comportamiento de cada individuo influye sobre sus semejantes". 

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Fuente: Tratado de Beitzá.